Otro más, que se va con la maleta vacía, al lugar donde el silencio abraza, a todos los que llegan, como escribió Machado “ligeros de equipaje”.
Para los que seguimos transitando por los caminos de la vida, se irá borrando lentamente de nuestra memoria aquél que fue y lo que compartió con nosotros…
Compartió por ejemplo muchas horas de trabajo, en un ambiente dañino, donde habría que estudiar si afectan a nuestra salud, los muchos factores nocivos que conviven con nosotros y que con toda seguridad acortan nuestra vida. Quien, no es consciente de haber utilizado guantes de amianto. En ocasiones para limpiezas varias, el mejor desengrasante era el tricloroetileno, con su genuino olor que producía borrachera… Alguien se ha parado a pensar en las posibles radiaciones de unas chatarras sin control, que al fundirse desplegaban al capricho del viento su veneno y de las escorias con su carga de metales pesados filtrándose en la tierra…
Parece, que a nadie, instituciones, servicios médicos o sindicatos, les despierta el mínimo interés. Los trabajadores activos fallecidos prematuramente, o con incapacidad recién estrenada para viajar al más allá, están ahí mirándonos desde unas listas, donde solo son un tachón y son muchos, demasiados en los últimos años.
Sin pretender hacer demagogia, hagamos entre todos una estadística y valoremos imparcialmente su resultado. Quizás de esta manera, los muertos puedan descansar en paz y los vivos mucho más.
Salud.
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